VI. Narciso y Eco (v. 356-510)
Ve a Narciso cuando empujaba hacia sus redes a los tímidos ciervos la ninfa de voz sonora que no sabe callar cuando alguno habla, ni aprendió a hablar la primera, Eco, que repite los sonidos. En aquel entonces Eco tenía cuerpo, todavía no era sólo una voz; y, aunque parlanchina, no tenía otro uso de su boca distinto del que tiene ahora, para poder volver a decir las últimas palabras de todo lo que se le decía. Esto lo había hecho Juno, porque, cuando había podido sorprender a las ninfas que, a menudo, en los montes, se abandonaban a las caricias de su esposo Júpiter, ella con astucia retenía a la diosa con su larga conversación mientras huían las ninfas. cuando la hija de Saturno se dio cuenta de ello, dijo: "Se te concederá un uso muy limitado de esta lengua por la que he sido burlada; un brevísimo uso de la palabra". Confirma sus amenazas con la realidad; sin embargo, ella dobla las voces emitidas al final y repite las palabras oídas.

